Una lágrima nació al borde del parpado inferior de mi
ojo izquierdo. Pronto se robusteció e intentó descolgarse subrepticiamente por
entre dos pestañas cortas. Temí ya no poder retenerla e inmediatamente accedí
al lugar de la mente donde se exponen los sentimientos y los borré todos. Aun
así, mi llanto era inminente y me pregunté … -¿Qué me está pasando? Está
bien, confieso, talvez alguna pena, quizá dos … o tres. Entonces, súbito, la
furtiva lágrima comenzó a deslizarse por mi mejilla y en contubernio, del ojo
derecho rodaron aún más. Me di cuenta que mis lágrimas sabían más de porque estaba llorando
yo.