domingo, 28 de junio de 2026

Junto a ti - Adamo


 

Another love - Tom Odell


 Tetrica, desazón y abatimiento  transmite la canción. Los fantasmas de un idilio muerto lo abaten y lo vencen. Nada puede ofrecer, ni amor y ni siquiera lágrimas hay para su presente relación. 


sábado, 27 de junio de 2026

Azangarino cholada - Edith Ramos /Arco Iris


 

Qué te digan cholo o chola en el Perú del siglo pasado (seguro aun hoy) era una forma de denigrarte, de menoscabarte como persona, considerarte ignorante. Para la clase dominante eras el último escalón de la escalera social, descendientes de los vencidos, habitante pobre de los andes, generalmente un servidor, un trabajador simple o sirviente. Para considerarte como tal bastaba con ver tus rasgos faciales andinos, piel cetrina nariz aguileña, pómulos salientes, mandíbula prominente, brazos largos, piernas cortas, cabello lacio y grueso, etc. También te identificaba la ropa y aun los colores de la misma. El cholo andaba sobre-abrigado no siendo invierno, usando chompa o suéter aun en verano.

Obviamente los ignorantes eran los que usaban esos epítetos, aunque fueran instruidos, con títulos académicos. Y estos eran, aunque pocos, los que dominaban el Perú aristocrático y oligúrico. Eran los que por tener una piel más clara se creían blancos. También se incluían los que llevaban apellido de los conquistadores y los que se apoderaron de buena parte de la riqueza del guano estafando al estado y vendiéndoles sus esclavos negros.

Esa gente desconocía la gran riqueza humana que guardan en sus relaciones entre sí y con la naturaleza. Ignoraban la ternura que compartían en toda su comunidad y solidariza con todos los seres vivos. Por eso, ese grupo social que habitaba en la sierra peruana, en los andes, la cholada, poseía mayor valía y moral que nadie.


viernes, 26 de junio de 2026

Bien




 

¡Guíame Mabel! - CII



Apenas escucho las primeras notas de la melodía de esta canción, me traslada al momento que sentí temor, dentro de la espiral de intensos sentimientos que experimenté  a los 15 años, de mi incipiente y desgarbada vida, cuando tuve una fuerte atracción hacia una chica, quien creaba un tumulto de emociones en  mi pecho y degustaba yo por primera vez una pócima que alteraba mis sentimientos y razón, creyendo yo que era amor lo que padecía por ella y que descubrí luego que era deseo y pasión, ¿Cómo podía saberlo yo?

El adiós en esos frágiles y débiles instantes de felicidad era posible y angustiante. El imaginar el fin, la separación de la relación sentimental causaba tanto dolor como si estuviera ocurriendo. En esa inocencia debido a mis pocos años y el desconocimiento del mundo afectivo de los humanos, ensombrecía y atemorizaba mi vida.