jueves, 12 de marzo de 2026

¡Guíame Mabel!- XCIII


 Si, una noche bailamos, solos, sin nadie alrededor, ausentes de juicios de valor. Giramos en armonía con la tierra y el sol, el espacio gozoso nos contenía, mientras al tiempo dábamos gracias por esos momentos que nos regaló. La alegría se convirtió en el titiritero que los hilos de los danzarines movió. La dicha desenfrenada se escapaba ruidosa por nuestras bocas, dejando a los ojos que hablaran de sentimientos y emociones. Una algarabía poderosa desbordó nuestros cuerpos y rompió represas que la tenían contenida.

La noche perdió el sentido y cayó. Y así nos despedimos para siempre los dos

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