Rodaron repentinas
lágrimas por mis mejillas. Fueron tres o más de cuatro, pregunté ¿por qué? No
son mías, ni pueden ser, si no sufro, ni lloro ni nada lamento. Solo recordaba
tu rostro, tu figura, tu sonrisa. imaginaba verte en casa, viviendo juntos. Eso
no causa dolor, ¿no? Pero esas lágrimas se convirtieron en cascada de agua
bajando estrepitosamente por una colina en un mundo nuevo más allá de Orion.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario