Tengo un solo modo
de querer y es para siempre. No tomo atajos. No lo rige ni la fortuna ni la
suerte. No empieza con la vida ni termina con la muerte. Duerme, a veces por
cientos de años. Y despierta por la vibración de su voz o su risa, como la ultima
cita, cuando con un guiño que hizo la reconocí en otro cuerpo. Siempre es única,
aunque muestre otro aspecto. Si bien me dejo en este cuerpo celeste, nos
veremos en otra vida, cuando el tiempo otra vez coincida. El destino
gobierna el juego, al que me someto porque te quiero.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario