Tu imagen brilla en
el centro de mis recuerdos. Se abre entre la bruma que se condensa sobre los
recuerdos. Aunque siempre y todos los días se encuentra vivo en mi mente, el polvo
del tiempo se acumula en mis habilidades y sentidos, ya no me permite reproducir
claramente tu persona. Por ello, recurro de tanto en tanto a ver tus fotografías.
Tus fotografías me
acercan tu ser a la realidad. Con ellas te sostengo en mis manos, te focalizan
mis ojos, tu imagen, borrosa en el recuerdo, atraviesa mis pupilas y cincela
otra vez sus contornos en mi memoria. Entonces, tus expresiones de alegría de
tu rostro, retransmiten las emociones que vivimos en un intemporal ayer.
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