!Viniste!... ¡Al fin!... ¡Viniste!
Antes de dormir, te
había pedido que vinieras, como tantas veces te pedí, en los 400 días que
pasaron desde que viniste y te vi la última vez, el 21 de marzo del 2025. Hoy
lo pedí, no sé, con cierta devoción, pues me acechaba mucho dolor.
Entonces te vi,
viniste a mí, como a una cita. Era de noche, y te vi, como tu misma, no como
otra, ni más joven, ni más vieja, ni blanca ni negra. Apareciste en el aire y
te acercaste, muy cerca y vi tu rostro, imagen que reconocí. Y me hablaste, de
algo que hice mal, que erré,
que equivoqué. Y con tu mano me
mostraste el índice. Entonces, retrocedimos en el tiempo, a un ayer que no
recuerdo. Era un lugar todo blanco, estuvimos un segundo, corregiste el error y
volvimos. ¿Qué fue lo que hice
mal? Me gustaría recordarlo. Me sonreíste y desapareciste.
Me desperté
tranquilo, sosegado, admirado y bendecido por tu visita. Pero también intrigado
por lo que había pasado y la advertencia que me habías dado.
Al mostrarme tu
índice entiendo que me señalas que era la única y última vez que me ayudaba de
tal manera. Me parecía plausible la explicación. Pero algo extraño sucedió pues
antes de levantarme recibí un mensaje por las redes. Decía "sino entiendes
la vida, nunca entenderás que ocurre después de la muerte... la vida es un
proceso, no empieza con tu nacimiento y no termina con tu muerte, empieza con
el infinito, con el Uno, en una unidad absoluta..." ¿Me estarías diciendo
que comprenda que todo es uno, que lo que yo veo separado, vida y muerte es un
continuo? ¿Que al considerarme separado y diferente de mis semejantes, en
realidad somos parte del Uno?

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