sábado, 27 de junio de 2026

Azangarino cholada - Edith Ramos /Arco Iris


 

Qué te digan cholo o chola en el Perú del siglo pasado (seguro aun hoy) era una forma de denigrarte, de menoscabarte como persona, considerarte ignorante. Para la clase dominante eras el último escalón de la escalera social, descendientes de los vencidos, habitante pobre de los andes, generalmente un servidor, un trabajador simple o sirviente. Para considerarte como tal bastaba con ver tus rasgos faciales andinos, piel cetrina nariz aguileña, pómulos salientes, mandíbula prominente, brazos largos, piernas cortas, cabello lacio y grueso, etc. También te identificaba la ropa y aun los colores de la misma. El cholo andaba sobre-abrigado no siendo invierno, usando chompa o suéter aun en verano.

Obviamente los ignorantes eran los que usaban esos epítetos, aunque fueran instruidos, con títulos académicos. Y estos eran, aunque pocos, los que dominaban el Perú aristocrático y oligúrico. Eran los que por tener una piel más clara se creían blancos. También se incluían los que llevaban apellido de los conquistadores y los que se apoderaron de buena parte de la riqueza del guano estafando al estado y vendiéndoles sus esclavos negros.

Esa gente desconocía la gran riqueza humana que guardan en sus relaciones entre sí y con la naturaleza. Ignoraban la ternura que compartían en toda su comunidad y solidariza con todos los seres vivos. Por eso, ese grupo social que habitaba en la sierra peruana, en los andes, la cholada, poseía mayor valía y moral que nadie.


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