Qué te digan cholo
o chola en el Perú del siglo pasado (seguro aun hoy) era una forma de
denigrarte, de menoscabarte como persona, considerarte ignorante. Para la clase
dominante eras el último escalón de la escalera social, descendientes de los
vencidos, habitante pobre de los andes, generalmente un servidor, un trabajador
simple o sirviente. Para considerarte como tal bastaba con ver tus rasgos
faciales andinos, piel cetrina nariz aguileña, pómulos salientes, mandíbula
prominente, brazos largos, piernas cortas, cabello lacio y grueso, etc. También
te identificaba la ropa y aun los colores de la misma. El cholo andaba sobre-abrigado
no siendo invierno, usando chompa o suéter aun en verano.
Obviamente los
ignorantes eran los que usaban esos epítetos, aunque fueran instruidos, con
títulos académicos. Y estos eran, aunque pocos, los que dominaban el Perú
aristocrático y oligúrico. Eran los que por tener una piel más clara se creían
blancos. También se incluían los que llevaban apellido de los conquistadores y
los que se apoderaron de buena parte de la riqueza del guano estafando al
estado y vendiéndoles sus esclavos negros.
Esa gente
desconocía la gran riqueza humana que guardan en sus relaciones entre sí y con
la naturaleza. Ignoraban la ternura que compartían en toda su comunidad y
solidariza con todos los seres vivos. Por eso, ese grupo social que habitaba en
la sierra peruana, en los andes, la cholada, poseía mayor valía y moral que
nadie.
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