No sé porque hay días en que me es más honda la necesidad de ti. Es como si un tren me hubiera pasado encima y el dolor me apretara la garganta para pronunciar tu nombre. Soy un pedazo de hielo desprendido de un iceberg que flota solitario en los mares de la Antártida, gélido y solo y precisara decir tu nombre para calentarme.
Las
reminiscencias me asaltan cual jaguar agazapado detrás de cada recuerdo. Cada
noche mi ser, desprovisto de la armadura de racionalidad con que combato el
mundo, sucumbe ante la confirmación de la imposibilidad de alcanzar en vida la
felicidad humana. Entonces, … pienso en ti.
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